Friday, June 08, 2007

CAPÍTULO VII

REFLEXIONAR NO ES ALZAR LA VOZ

En la democracia, el foro público es esencial, la gente puede crearse sus propias opiniones. La prensa es un contrapoder y crea la opinión pública, es ahí donde el periodismo es una gran fuerza de la sociedad y un requisito indispensable para la democracia. El periodismo alimenta el debate público y fomenta la participación de los ciudadanos en el proceso democrático.

El periodismo debe contribuir a la función de creación de un foro público llamando la atención del ciudadano sobre cuestiones de tal forma que alienten su reflexión, porque posibilita la creación de una democracia. Si cada ciudadano reacciona ante la información que recibe, la comunidad empieza a llenarse de su propia voz.

Además, nada de la opinión pública escapa ante los ojos de los partidos políticos y asociaciones sociales, saben que si dominan esa opinión pública tienen el poder. Por eso, es esencial que los medios desempeñen el papel de mediador con honradez a la vez que sirven de vehículo de discusión.

El periodismo debe proporcionar un foro para el debate y el compromiso públicos, pero ese debate debe construirse sobre los otros principios del periodismo como la veracidad y lealtad. Un foro o debate basado en los prejuicios y suposiciones extremas y sin consideración con los hechos, no es un espacio de información sino una provocación. Los medios deben dar voz a diversas opiniones que reflejan el pluralismo de la sociedad. La tergiversación no debe sustituir a la verificación.

Aunque hay que diferenciar entre un foro público y un debate polémico que alienta el conflicto y la provocación con el fin de ganar audiencia. La urgencia por comentar ha sustituido a la necesidad de informar y verificar. Las discusiones que vemos por televisión no tienen la misión del periodismo de ilustrar al ciudadano. Los gritos tienden a alejar al gran público que no se identifica con el debate. Convertir el debate en una carrera por ver quien alza más la voz tiende a alejar a los ciudadanos de los medios. Hay que provocar a la gente para que piense, retarles a que justifiquen y defiendan sus ideas. El debate público no debería ser una carrera para ver quien alza más la voz, un entretenimiento consistente en disputas políticas, sino que la prensa ha de apostar porque la discusión sea integradora y matizada, una reflexión precisa que defina las cuestiones que ha de debatir la sociedad.

A no ser que el foro periodístico se asiente sobre una base de hechos y contexto, las preguntas que se hacen los ciudadanos se convertirán en algo banal. El debate ya no será educativo y servirá para reforzar prejuicios, ideas preconcebidas. El debate público ya no será algo de lo que podamos aprender. Se disolverá en el ruido, al que la mayor parte de los ciudadanos volverán la espalda.

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