Friday, June 08, 2007

HOMO VIDENS

LA PRIMACÍA DE LA IMAGEN

Hemos pasado del lenguaje oral al lenguaje de la imagen.

Desde mediados del siglo XIX comienza un nuevo y diferente ciclo de avances tecnológicos, como la invención del telégrafo y la aparición del teléfono. Con estos dos inventos empezaba la era de las comunicaciones inmediatas, y junto los periódicos y los libros eran elementos portadores de comunicación lingüística. La ruptura en este proceso con la llegada de la televisión, “El hecho de ver prevalece sobre el hecho de hablar”. El fenómeno de la imagen es más poderoso que la palabra. “Una imagen vale más que mil palabras”. El lenguaje de la palabra necesita de un código para poder descifrarla, mientras que en la imagen sólo es necesario tener vista. Y en pocas décadas, el progreso tecnológico nos ha sumergido a la edad cibernética. Hemos pasado a la edad multimedia. Los medios de comunicación son numerosos y la televisión ha dejado de ser la reina de la multimedialidad.

Todo progreso tecnológico ha sido temido porque puede cambiar las órdenes constituidas. Los medios de comunicación son progresos favorables para la difusión de información, ideas y “cultura”, desde este punto de vista son instrumentos positivos. Aunque no debemos confundir nunca el instrumento con los mensajes. Para que un medio de comunicación sea un progreso su contenido ha de ser adecuado, y este concepto es lo que se va a explicar a continuación.

Hasta hace poco, los acontecimientos se nos relataban, hoy en día se nos muestran en imágenes, hemos pasado “del homo sapiens al homo videns”. Nuestros niños nacen con la televisión, aprenden antes el lenguaje de la imagen que a leer y escribir. El niño es como una esponja que absorbe todo lo que ve. La televisión es la primera escuela divertida del niño. El problema es que el niño formado en la imagen se reduce a ser un hombre que no lee “escuchan perezosamente, no leen periódicos ni libros, inmersos en su música”. Por lo que será un adulto marcado durante toda su vida por la atrofia cultural, por una cultura del ocio, de la imagen, del entretenimiento. Pero la cultura es sinónimo de “saber”, una persona culta es una persona que sabe, que ha hecho buenas lecturas y que está bien informada. A causa de la “televisión” (no del aparato en sí, sino en la utilización de su contenido), hemos pasado de la cultura escrita a la audio-visual, de la cultura a la ignorancia, de la cultura a la incultura, es decir, estamos inmersos en una pobreza cultural. La cultura de los libros es de unos pocos (elitista), mientras que la audiovisual es de la mayoría, de las masas.

¿Todo progreso tecnológico es un progreso?

Depende. Todo progreso puede tener sus ventajas y sus desventajas. Progresar es ir hacia delante, lo que comporta un crecimiento, pero no está claro que este aumento tenga que ser positivo. Podemos decir que un cáncer crece, pero este crecimiento es un mal que perjudica. Pero respecto a la evolución histórica, la noción de progreso es positiva. Cuando decimos que la televisión es un progreso se sobreentiende que es algo positivo. Pero un crecimiento que sólo es cuantitativo (difusión en extensión), no es en sí mismo un progreso, para que sea considerado como tal, ha de ir acompañado de un crecimiento cualitativo. La televisión beneficia, pero también perjudica. Si la televisión es sólo espectáculo, su valoración no es positiva, sino todo lo contrario. La regresión de este progreso es el empobrecimiento de la capacidad de entender. La televisión produce imágenes y anula conceptos por lo que atrofia nuestra capacidad de abstracción y de entender. El homo sapiens es sustituido por el homo videns, en este último, el lenguaje conceptual (abstracto) es sustituido por el perceptivo, que es mucho más pobre no sólo en cuanto a palabras sino en cuanto a riqueza de significado, e sdecir, la capacidad connotativa.

Todo avance se ha topado con inquisidores, pero lo que es cierto que lo inevitable ha de ser aceptado nos guste o no. El progreso tecnológico no se puede detener, pero no por ello debemos dejar que se nos escapen de las manos. La palabra más la imagen no se deben contraponer, debe ser una suma positiva, aunque es cierto en la actualidad sucede lo contrario, los lectores están decayendo.

Tras 50 años de su aparición, la televisión ha sido declarada obsoleta. Las nuevas fronteras son Internet y el ciberespacio y el lema es “ser digitales”. Las posibilidades de Internet son infinitas para bien y para mal. Son positivas cuando el usuario utilice este instrumento para adquirir información y conocimientos, cuando sus intereses sean intelectuales, por el deseo de saber y entender. Pero hay otros usuarios que lo usan como hobby y entretenimiento, lo que no representa progreso alguno. Es cierto que los cibernautas corren el riesgo de estar inmersos en un mundo imaginario, vivir en la navegación cibernética es vivir una película de ficción. Además Internet produce saturación y ver pasivamente la televisión es mucho más fácil que las navegar por un mundo activo de ficción. Por lo que, Internet no sustituirá a la televisión sino que será un medio más, donde el homo sapiens entrará en crisis, una crisis debida a la pérdida de conocimiento y del saber.


SEGUNDA PARTE: LA OPINIÓN TELEDIRIGIDA

La televisión impregna toda nuestra vida, no sólo transforma a los niños, sino también influye en los adultos. Nos ofrece sobretodo, informaciones políticas, saber de política es importante, aunque a muchas personas no les interese, porque la política condiciona nuestro vivir y nuestro convivir. “La ciudad cruel nos encarcela, nos hace poco o nada libres; y la mala política nos empobrece”. Es cierto que la televisión es una fuente importante de creación de opinión. En la actualidad, el pueblo soberano "opina" sobre todo de acuerdo con la forma con la que la televisión le induce a opinar. El poder del video se convierte en el centro de todos los procesos de la política contemporánea por su capacidad de orientar la opinión. La televisión condiciona el proceso electoral, tanto en la elección de los candidatos, como en su modo de combatir la disputa electoral, como en la posibilidad de que triunfe el ganador. Asimismo, la televisión puede condicionar, un gobierno, es decir, las decisiones de un gobierno: lo que puede hacer un gobierno, o dejar de hacer, o decidir qué va a hacer.

A la democracia le basta, para existir y funcionar, que el público tenga opiniones propias; y nada más, pero también, nada menos. Pero cada vez esto es menos frecuente, ya que la videocracia está fabricando una opinión masivamente heterodirigida que refuerza en apariencia, pero que vacía sustancialmente, la democracia como gobierno de opinión. La televisión no refleja los cambios de la sociedad y su cultura, sino que refleja los cambios que ella misma promueve e inspira a largo plazo."Los sondeos de opinión mandan. Porque la televisión se muestra como portavoz de una opinión pública que es en realidad el eco de su propia voz. Con la televisión la autoridad reside en la visión misma: es la autoridad de la imagen. No importa que las imágenes puedan engañar aún más que las palabras. Lo importante es que el ojo cree en lo que ve; y, por tanto, la autoridad cognitiva más auténtica es lo que se ve. Lo que se ve parece "real", y puede ser considerado como verdad. Las falsas esatdísticas y las entrevistas casuales son las distorsiones informativas más relevantes. Al igual que la desinformación se alimenta de dos típicas distorsiones informativas: premiar la excentricidad y alentar el ataque y la agresividad. La visión en la pantalla del televisor es siempre poco falta, porque descontextualiza, ya que se basa en primeros planos fuera de contexto. El vídeo dependiente tiene poco sentido crítico.


TERCERA PARTE: ¿Y LA DEMOCRACIA?

En la tercera parte ¿Y la democracia?, se examina la incidencia electoral y la incidencia en el modo de gobernar de la vídeo-política, y de la equivocada formación de la opinión pública. Una primera consecuencia es que la vídeo-política reduce el peso de los partidos, mientras que otra, es la emotivización de la política. Avanza sobre cómo la televisión condiciona fuertemente el proceso electoral, ya sea en la elección de los candidatos, bien en su modo de plantear la batalla electoral, o en la forma de ayudar al triunfo del vencedor; como asimismo, incide fundamentalmente sobre el gobierno y sus decisiones.

En relación al proceso electoral, en función de datos reales, concluye que “la televisión influye más cuanto menor son las fuerzas contrarias en juego, y especialmente cuanto más débil es la canalización partidista de la opinión pública”, que la televisión personaliza las elecciones de modo que, antes que los discursos, lo importante son los rostros; que el poder del vídeo es menor cuando el voto se da a listas de partido y que adquiere toda su fuerza cuando el sistema electoral es uninominal; que la personalización es mayor en sistemas precidencialistas que en los parlamentarios; y, por último, que la vídeo-política tiende a destruir el partido, o por lo menos, el partido organizado de masas ya que “no se trata sólo de que la televisión sea un instrumento de y para candidatos antes que un medio de y para partidos; sino que además el rastreo de votos ya no requiere una organización capilar de sedes y activistas”.


TERCERA PARTE: APÉNDICE

Sartori afirma que en el proceso de niño a adulto, hay 4 factores determinantes: los padres, los grupos de referencia, la escuela y los medios, este último, en ausencia de los otros les ha tocado la tarea de educar. El niño se forma como vídeo-dependiente y con el tiempo se convierte en un mal ciudadano que perjudica a la ciudad democrática porque no tiene capacidad cognoscitiva de ejercer el poder y daña al bien colectivo. Sartori incide en el lector en que debe retomar la palabra escrita como volver a ser un ciudadano que reflexiona y razona. El primado del ver y de la imagen empobrece el conocer y del mismo modo debilita nuestra capacidad de gestionar la vida en sociedad. Todo el capítulo gira en torno a esta idea: la debilidad del ciudadano, de la democracia, de la capacidad de entender lo que ocurre a nuestro alrededor.

El ciudadano es un homo videns que cada vez sabe menos de cuestiones públicas, por lo que pone en peligro las democracias representativas. Y la debilidad de un sistema que promueve el autogobierno a hombres y mujeres que confiesan que no saben nada de las cosas del gobierno y que no les interesan los programas que pueden hacerles saber. Se impone la ignorancia, y además voluntaria. Un hombre que pierde la capacidad de abstracción es incapaz de racionalidad, y es por tanto un animal simbólico que ya no tiene capacidad para sostener y menos aún para alimentar el mundo construido por el Homo sapiens.

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